En el medio de la noche, recostada a una reja del parque, esta luz lucha contra los vientos del Viernes Santo, para permanecer viva mientras su mismo calor no la consuma. No le importan los faroles de hierro que la rodean: ella trata de imponer su brillo para alumbrar aunque sea una piedra de la calle.
Resguardada por vasos plásticos como su más efectivo guardabrisas, esta vela fue la última en consumirse después de la procesión del Santo Entierro, donde miles de personas se acercaron para participar de dicho acontecimiento cultural tan antiguo como Trinidad misma, realizado hoy en pocas partes de Cuba.
Quise perpetuar esta luz antes de extinguirse. Creo puede ayudar a iluminar los caminos del presente. Desconozco quién la puso ahí. Pudo ser el más ferviente creyente, un niño, una anciana, un espíritu, o tú, desde la distancia…
A TRAVÉS DEL TIEMPO
Casilda, un pueblecito de pescadores ubicado bien cerquita de la ciudad de Trinidad, y su Calle Real en el año 1924. El escenario hoy ha cambiado un poco, pero no completamente. Es innegable la mejoría en sus arterias: ya no son tan solitarias ni polvorientas como en la imagen, pero todavía persisten muchas casas de tablas y techos de tejas, la brisa con olor a mar, a puerto y a pescado.

