Las cosas que podemos encontrar en el mar son infinitas: desde desperdicios dejados por otros a causa de su indolencia respecto al Medio Ambiente hasta prendas de valor. El poder y la persuasión de las olas es impresionante: mientras te envuelven con la calidez de sus aguas, la espuma… pueden “robarte” cualquier pertenencia como el más experimentado ladrón. Quienes tienen sus creencias sincréticas aluden a las travesuras de Yemayá: la dueña de los mares del panteón yoruba, cuando alguno de sus hijos les debe el pago a determinada promesa. Si nos acogemos a la vía religiosa, entonces eran muchos los que estaban en deuda con la Santa. Al menos eso explicaría por qué cuando fui a la playa encontré chancletas y botas a lo largo de la Península Ancón-y no creo que fuera culpa del abandono pues los calzados están en buenas condiciones-.
A TRAVÉS DEL TIEMPO
A propósito de las creencias religiosas, que al fin y al cabo todas nos llevan a hablar de fe, encontré esta foto de un pequeño altar edificado a la sombra de una ceiba, en plena calle: ¿sincretismo, cubanía? Les debo el sitio donde fue tomada la fotografía, pero más que el lugar donde estuvo, o está enclavada la hornacina pienso que esta imagen antigua nos puede hablar de la devoción popular a través del tiempo.

