“Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como burros”, Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.
La semana anterior tuve la suerte de asistir a las Romerías de Mayo, la fiesta más importante de la juventud, celebrada cada año en Holguín. Las experiencias vividas inspiraron ya un post para mi nuevo blog, a punto de nacer. Cuando se acerque el momento recibirán las coordenadas para que me acompañen también desde la escritura…
Entre las tantas estampas recogidas en mi cámara me cautivó sobremanera conocer a un hombre orquesta. Al menos en Trinidad, Sancti Spíritus, Santa Clara o Cienfuegos nunca había visto ninguno. Pese a su ceguera, este músico callejero alegra el boulevard holguinero con su ritmo contagioso, desafía el calor del mediodía y obliga a los transeúntes a detenerse en medio de la premura cotidiana. Es que la música no conoce fronteras.
A TRAVÉS DEL TIEMPO
La torre del Ingenio Manacas Iznaga, testigo elocuente si hablamos del desarrollo azucarero en Trinidad en el siglo XIX. Construida en 1826, llega a nuestros días envuelta en leyendas de amores imposibles en tiempos de la colonia, de pugnas entre hermanos, de vigía para evitar la fuga y controlar el trabajo de los esclavos. ¿La verdad?, relativa como la imaginación misma. Lo seguro: esta imagen evoca el olor a melaza.
