No entiendo la gracia de herir las paredes para grabar los nombres y hacer una falsa declaración de amor-no creo que escribir “Fulanito+Sutanita: amor eterno”, garantice en lo absoluto la perdurabilidad de una pareja-, como tampoco comprendo las desmedidas ansias de reconocimiento público que llevan a muchos a garabatear con una piedra, un lápiz, lo primero al alcance de la mano: “Perencejo: Lo máximo, la masacre, el terror de tal barrio”… Tristemente, imágenes así son cada vez más recurrentes. Y no es un problema que atañe solo a la población de esta isla, pues también encuentras a foráneos dispuestos a dejar constancia de su paso por lugares históricos. Pongo mi mejor empeño en hallar un motivo racional para explicar el descuido hacia el patrimonio heredado por tantos siglos, el desamor al suelo, las conciencias tranquilas ante tales indolencias. Será que… ¿no existe?
A TRAVÉS DEL TIEMPO
Como hablamos de daños al Patrimonio, les regalo esta imagen de la Cueva de Caucubú, en Trinidad, porque también estos sitios son blanco de actos irresponsables parecidos… también padecen estas heridas.
