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domingo, 14 de octubre de 2012

Agua ¡bendita!

Cuando llueve suceden eventos peculiares: por ejemplo, si el techo de la casa se filtra, hay que mover los muebles de su sitio y en su lugar poner vasijas para recoger las goteras-el agua que cae por las fisuras del tejado-, los niños piden a gritos el consentimiento de sus padres para bañarse en el aguacero-a veces los adultos se suman a ellos-, si el chaparrón te sorprende en la calle hay que correr hacia el primer sitio donde podamos guarecernos, no pocos tratan de almacenar el agua de lluvia para después limpiar, lavar, etc. Admito que esta utilidad dada al aguacero la desconocía: lavar un carro de una agencia de viajes-porque no es un vehículo particular este que vemos en la imagen-. No puedo aseverar exactamente lo que pensó este hombre cuando empezó a llover, pero si tenía que lavar el auto horas después a base de cubos, de seguro dijo para sus adentros algo así como: “esta agua es… ¡bendita!”.

A TRAVÉS DEL TIEMPO

Al hablar esta semana del agua caída del cielo me encuentro esta imagen con un aljibe, elemento presente en algunos patios de Trinidad-y de Cuba toda- que abastecieron de agua de lluvia a incontables hogares por largo tiempo. A través de un sistema de tuberías soterrado, conectado a las canales por donde cae el agua, la barriga de esta especie de pozo se llena. Un dato curioso: el agua casi nunca llega a la tapa. Ellos, los aljibes, todavía hoy salvan de la seca a no pocas familias en períodos en que el preciado líquido desaparece de los conductos hidráulicos de la ciudad.

domingo, 25 de marzo de 2012

El reparador


No resulta sencillo subirse en un techo para arreglar las “tejas corridas”, especie de desviación que ocurre en cualquiera de esas filas de las piezas fabricadas de barro que coronan los techos más antiguos de Trinidad. Tal labor es de primer orden para quienes habitan casas viejísimas si no quieren sufrir las filtraciones de agua (goteras) en medio de un chaparrón.
En esta oportunidad, somos testigos de dos momentos de la construcción de la vivienda trinitaria, desde una perspectiva atípica: a la derecha las tejas criollas, tan viejas como esta villa, hechas en sus inicios a partir del muslo del  fabricante como único molde. Del otro lado las tejas planas o francesas, más jóvenes, realizadas por máquinas.
En tiempos donde las cubiertas planas de hormigón, las conocidas “placas”, resultan soluciones más duraderas, este hombre se aferra a sus tejas coloniales. ¿Acaso no es una forma de amar el Patrimonio?

A TRAVÉS DEL TIEMPO


La Logia Luz del Sur, en la calle Lino Pérez, empedrada por ese entonces, sin el asfalto ni las alcantarillas, a veces hediondas.