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domingo, 26 de agosto de 2012

Sol, faroles, atardeceres

Me gusta poco el sol, lo reconozco. En estos meses de verano no han sido pocos los mediodías en que he rogado a San Pedro para que llueva, pero parece está también de vacaciones. No me sucede así con los atardeceres porque me encantan. Será que como “todo lo malo, luego se torna bueno”, tampoco el Astro rey escapa a este dicho popular y después de castigarnos con temperaturas irresistibles, se escurre entre los techos, palmas, faroles… de Trinidad para seducir a los apasionados de la fotografía, como yo, que no pude escoger nada mejor para cerrar este caluroso mes de agosto que este collage de atardeceres.
A TRAVÉS DEL TIEMPO

La calle Real, en Trinidad. Es esta una de las vías esenciales de la Plaza Mayor. Lo interesante de esta foto está en las ventanas de las viviendas ubicadas a mano izquierda. Fíjense: ¡son de metal! Actualmente, como muchos conocen, son de madera para estar más a tono con los aires del siglo XVIII, pero esta otra visión-una visión que no conocí pero me hablaban de ella- y estoy seguro despertará recuerdos.

domingo, 18 de marzo de 2012

Cañada


¿Qué trinitario no se asomaba por las ventanas para ver las cañadas mientras llovía a cántaros?
Para quienes desconocen el término, permítanme explicarles: en Trinidad se llaman “cañadas”  al agua que corre por el medio de las calles cuando San Pedro abre las puertas del cielo por largo rato, hecho poco común en esta ciudad.
Esta particularidad está dada por la topografía de la villa: sus calles están inclinadas hacia el centro, lo que provoca el desagüe rápido de la lluvia; el ancho de la vía determina el de la cañada.
La fuerza de estos “pequeños ríos” puede ser peligrosa. ¡Imagínense que en 1990 la cañada de la calle Rosario arrastró una lavadora rusa desde las lomas hasta el centro de la ciudad!
Cuando escampa los niños aprovechan el correr del agua por las calles de piedras y llevan barquitos de papel con la esperanza que naveguen hasta el infinito, pero las frágiles embarcaciones naufragan en pocos segundos.
Aprovecho el aguacero inesperado, pero siempre bienvenido,  de este viernes al mediodía para compartir esta cañada, aún fresquita.

A TRAVÉS DEL TIEMPO


La calle Desengaño, sin obstáculos, cuando se podía transitar por ambas aceras porque el Palacio Iznaga no sospechaba el olvido del que sería víctima años después, cuando empezó a resquebrajarse lentamente. La calle Desengaño, cuando la quietud envolvía la zona de la Plaza Mayor.