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domingo, 27 de mayo de 2012

Estragos

Esta semana Lente Compartido habla poco, prescinde de las imágenes a través del tiempo y su formato habitual. Prefiere  mostrarles cómo quedó Trinidad luego de jornadas de lluvias, con acumulaciones de agua de hasta 500 mm de agua, a través de una pequeña selección de instantáneas.  Decidí incluir una foto de Casilda, hecha por un amigo, para no reducir solo los daños a las zonas del Centro Histórico. Les debo el campo y los barrios aislados, las condiciones climatológicas estuvieron en mi contra y no pude conseguir lentes desde ahí. Los espero este martes en mi blog de escritura Isla nuestra de cada día para continuar conversando sobre el tema…
La Iglesia de la Popa, ahora con una fachada incompleta

El Callejón de la Cañada, con piedras arrastradas hacia el centro de la calle, con agujeros grandes y profundos donde se almacenan restos de agua de lluvia

 El Museo Romántico y la humedad 

Una de las calles principales de Casilda, repleta de agua de acera a acera
Foto: Francisco Colina


domingo, 18 de marzo de 2012

Cañada


¿Qué trinitario no se asomaba por las ventanas para ver las cañadas mientras llovía a cántaros?
Para quienes desconocen el término, permítanme explicarles: en Trinidad se llaman “cañadas”  al agua que corre por el medio de las calles cuando San Pedro abre las puertas del cielo por largo rato, hecho poco común en esta ciudad.
Esta particularidad está dada por la topografía de la villa: sus calles están inclinadas hacia el centro, lo que provoca el desagüe rápido de la lluvia; el ancho de la vía determina el de la cañada.
La fuerza de estos “pequeños ríos” puede ser peligrosa. ¡Imagínense que en 1990 la cañada de la calle Rosario arrastró una lavadora rusa desde las lomas hasta el centro de la ciudad!
Cuando escampa los niños aprovechan el correr del agua por las calles de piedras y llevan barquitos de papel con la esperanza que naveguen hasta el infinito, pero las frágiles embarcaciones naufragan en pocos segundos.
Aprovecho el aguacero inesperado, pero siempre bienvenido,  de este viernes al mediodía para compartir esta cañada, aún fresquita.

A TRAVÉS DEL TIEMPO


La calle Desengaño, sin obstáculos, cuando se podía transitar por ambas aceras porque el Palacio Iznaga no sospechaba el olvido del que sería víctima años después, cuando empezó a resquebrajarse lentamente. La calle Desengaño, cuando la quietud envolvía la zona de la Plaza Mayor.